martes, 18 de noviembre de 2008

El campus Minatitlán de la UV


El campus Minatitlán de la UV

Raúl Arias Lovillo

Todavía escucho el eco de los aplausos y las exclamaciones de gusto de la comunidad de estudiantes y académicos de Trabajo Social del Campus Minatitlán, cuando la directora de la Facultad, Noemí Macedonio Toledo, recibió la constancia acreditación nacional de calidad.
Y cuando se develó la placa que guarda el testimonio de esta hazaña, fue otro momento emotivo en el que la comunidad de este Campus de la Universidad Veracruzana, manifestó su alegría por haber incorporado a su Facultad a la lista de las que en nuestro país son reconocidas por su calidad.
Además, la acreditación a esta Facultad de Trabajo Social, permitió el logro de una meta: que en Minatitlán, todos los alumnos de la Universidad Veracruzana estudien ya en programas de calidad acreditados y reconocidos por los organismos evaluadores externos.
Efectivamente, el “Campus de Mina”, como se le refiere con afecto por todos nosotros, tiene una historia de éxito donde el círculo virtuoso de vocación por la calidad, recreó y culminó el proceso de reacreditación de Odontología en 2006, y las acreditaciones de Medicina en ese mismo año, la de Enfermería en 2007 y la más reciente, ahora, la de Trabajo Social, en 2008. En los últimos tres años llegamos al 100 por ciento de nuestros programas acreditados.
En todos estos logros, no hay duda de que la fuerte vinculación de nuestra Universidad con el entorno de la región, con el municipio de Minatitlán, ha sido decisiva. Entre la comunidad universitaria y los sectores público y privado, se han establecido sólidos vasos comunicantes que nos benefician recíprocamente, y este es uno de sus resultados: la calidad integral de nuestros programas académicos que van a redituar en profesionales que respondan a las necesidades de Minatitlán.
Por supuesto que tales frutos nos llenan de satisfacción a toda la comunidad universitaria. No sólo porque se trata de objetivo alcanzado por uno de nuestros Campus, sino porque nos revela nuestras potencialidades, y de lo que juntos, unidos, somos capaces de hacer.
Lo dijo bien el vicerrector, Enrique Ramírez Nazariega, en la ceremonia del jueves pasado: “La acreditación fue resultado del esfuerzo, del compromiso y la voluntad de todos y cada uno de los miembros de la Facultad”.
Y esto quiero decirlo de nuevo porque creo que son las propias comunidades las que construyen y consolidan sus propios proyectos, es a ellas a las que corresponde el mérito intransferible de sus metas académicas, culturales y científicas. Los rectores, los dirigentes de la universidad, tenemos la obligación de respaldar sus iniciativas, de colocarnos a su lado, de estimular sus acciones, de resolver diferencias y ayudarles a salvar obstáculos. Pero son las comunidades, las que con su decisión y su trabajo, logran estas que yo llamo victorias de la voluntad y la inteligencia.
Siempre he considerado acertada la frase que acuñó el ex rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, de que una “universidad que no se evalúa se devalúa”. En el sistema educativo nacional ha prosperado la idea de que la evaluación externa es un prerrequisito fundamental para que las instituciones puedan potenciar sus capacidades y establecer la calidad como el sello de herrar de sus programas educativos. O sea, la acreditación se ha vuelto un compromiso de las universidades públicas. Y yo diría que la calidad, simplemente, ha de ser parte de su naturaleza.
Por ello, al acreditar todos sus programas, el Campus Minatitlán le ha dado una prueba de compromiso y de lealtad a la Universidad Veracruzana. Pero también nos ha ratificado que el camino hacia la acreditación de la calidad de nuestros programas, en el que todas nuestras facultades están ya transitando, sigue siendo uno de nuestros grandes e ineludibles objetivos.
Y en 2009, vamos por la acreditación de todos los programas en toda la Universidad Veracruzana.

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